Se despejará la niebla del opaco duelo.
Despertarás con el sol, al fin contenta.
Lavarás los rastros del sueño,
cepillarás dientes y pelo adormilado.
Sin prisa, liberarás tus intestinos.
Alimentarás a parientes no humanos.
Prepararás el chai almendrado
y tras encender con intención la vela,
te sentarás cómodamente en el cojín.
Dirigiendo voluntariamente tu atención
una y otra vez
respirarás sabiendo que respiras;
sonreirás sintiendo tu sonrisa.
Después escribirás libremente,
sin censura ni correcciones
hasta que el temporizador
anuncie que ha pasado media hora.
Lo siguiente que harás aún sentada
será visualizar las tareas del día e imaginarte
realizándolas con fluidez, ligereza y buen humor.
Apagarás la vela y te levantarás, consciente
de la dicha de poder mover todo tu cuerpo terrestre.
Irás en tu coche híbrido a clase de yoga
escuchando el podcast que elijas:
¿Reflexión, humor o algo que aprender?
En la clase, recordarás tu intención guía:
Fluidez, ligereza y buen humor
en el cuerpo y en la mente.
Volverás a casa acompañada de canciones nuevas,
cortesía de Inteligencia Artificial.
El desayuno será sano y apetitoso,
previo al baño que culminará con instantes de agua fría.
Secándote, provocarás tu propia risa
que pronto se volverá auténtica
quitándote seriedades enquistadas.
Te vestirás sin demora
para proceder a atender lo mundano inaplazable.
Al terminar,
retomarás el texto que estés escribiendo,
puliendo o reescribiendo
hasta la hora de comer.
Compartirás con él comida y tiempo alegre.
A veces también con amigos
y si hay suerte, con los hijos.
Harás una siesta breve y reparadora
antes de la siguiente actividad.
Cerámica, playa o alguna consulta.
Cenarás ligero.
Al acostarte evocarás
al menos diez momentos del día
por los cuales te sientes agradecida.
Te desearás paz y felicidad,
extendiéndola desde tu corazón
a cercanos y distantes
incluyendo también a los difíciles de querer
y a los crueles, que no lo serían
si de veras fueran felices
y se sintieran en paz.
Concluirás tu meditación
imaginando cómo quieres vivir
el siguiente día
con sus flamantes veinticuatro horas
aún sin estrenar.
Besarás a tu amado.
Abrazarás su presencia
y concluirás satisfecha,
un día más
vivido a tu manera.


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